viernes, 5 de febrero de 2010

Pensamientos de Marco Aurelio - I


Por la mañana, cuando tengas pereza de levantarte, reflexiona de este modo: "Tengo que trabajar y cumplir mi deber como hombre; por eso es preciso que me levante. ¿Acaso he de ir contra mi voluntad a las ocupaciones a que debo entregarme en este mundo, y para las cuales he sido criado? ¿He nacido quizá únicamente para permanecer envuelto entre mantas al dulce calor del lecho?

-"Bien, pero esto es más agradable", dirás tú.

Luego, ¿has recibido el ser sólo para disfrutar de los placeres o para trabajar y hacer algo útil? ¿No ves cómo las plantas, los pájaros, las hormigas, las arañas, las abejas, se entregan a sus tareas para contribuir por su parte a la perfecta armonía del mundo? ¡Y tú te niegas a cumplir tus deberes como hombre y eludes el trabajo que la naturaleza te prescribe!

- "Sí, pero es necesario también el descanso", dirás todavía.

No cabe duda. La naturaleza ha puesto límites sin embargo a esta necesidad, como los ha puesto a las de comer y beber. Pero tú traspasas estos límites y vas más allá de la necesidad, mientras que en lo referente al trabajo obras de otro modo y no haces ni siquiera lo necesario. Y es que no te aprecias a ti mismo, porque si supieras apreciarte harías con gusto lo que tu naturaleza te ordena. Los artistas que tienen pasión por su arte consagran toda su vida a la obra y se privan de baños y alimentos. ¿Acaso haces tú tanto caso de tu naturaleza como un cincelador de su industria, o un pantomimo de su juego, un avaro de su dinero o un petimetre de lo que halaga su vanidad? Cuando éstos se interesan por algo, no piensan ni en comer ni en dormir, sino en llevar a buen término lo que les apasiona. ¿Tú achacas menos importancia a los actos de un ser sociable, y los encuentras menos dignos de tus cuidados?

En tu dignidad está el hacer y decir siempre lo que conviene a tu naturaleza. No te arredres nunca ante los juicios o las calumnias de otro. Si lo que has de hacer o decir es bueno, no creas que es indigno de ti.

He aquí dos razones por las cuales debes aceptar voluntariamente lo que te sucede: la primera porque ha sido destino para ti, coordinado para t, y que te pertenece de cierto modo por estar urdido allá arriba a tu existencia por una relación de causas que desconoces; y la segunda, porque lo que corresponde a cada uno en particular contribuye al éxito de las miras del ser superior que gobierna todas las cosas, dando a éstas perfección y consistencia.