viernes, 12 de febrero de 2010

Pensamientos de Marco Aurelio - III


En su mayor parte, las cosas que el vulgo sin ilustración admira se reducen a los objetos más comunes que le llaman la atención por sus propiedades constitutivas o vegetativas, como las piedras, la madera, el bosque, las higueras, las viñas, los olivos. Los seres algo más cultos se interesan por los animales; por ejemplo, por el ganado, por los grandes rebaños. Los individuos todavía más ilustres aprecian los seres dotados de razón, aunque no siempre de razón universal, sino más bien de esa facultad que les hace aptos para las artes o para una industria cualquiera, o del mismo modo desean poseer una multitud de esclavos sin más objeto que su número. Pero el que aprecia la inteligencia suprema, la razón que gobierna al mundo y al género humano, no se preocupa de lo demás; únicamente procura coordinar todas sus afecciones y sus movimientos con lo que le exigen esa razón universal y el interés de la sociedad, y ayuda a sus semejantes a obrar como él.