domingo, 20 de junio de 2010

La indiferencia del doble título. ¿Por qué no se considera el título de escribano (título de grado) en el Poder Judicial?

En una cultura del "papel" o del "certificado" donde juntar cada vez más antecedentes parece ser el requisito esencial para poder empezar a proyectar un concurso de cargos, surge una anomalía o una paradoja que consisten en la indiferencia que se presenta en muchos casos ante la especial circunstancia del doble título. En este caso y atento al mundo que nos incumbe, el jurídico, pocos son los casos de abogados que cuentan además con el título de escribano. Por tal motivo presupuestariamente o desde una paradigama económico de la escasez, el esfuerzo monetario cuantificado en pesos sería ínfimo. Ahora bien, debería pagarse ese título de escribano, al igual que es pagado el de abogado en el caso puntual de los empleados del Poder Judicial? y siguiendo con este razonamiento... Debería pagarse el título de escribano a los Funcionarios del Poder Judicial, ya que el título de abogado es requisito esencial para aspirar al cargo?
Si bien por un lado se quiere fomentar la constante capacitación de los integrantes y de los obrantes de la justicia, por otro lado ese segundo título, tan importante (ya que no es un certificado común, sino ni más ni menos que un título de grado más) pasa totalmente desapercibido y no recibe el mismo tratamiento que el de abogado, cuando las esferas de actuación y materias comprendidas corresponden al mismo universo. En una cultura en retroceso, a veces parece ser una estigma gozar de méritos académicos e incluso en algunos ámbitos simpre se da la pregunta: ¿Para qué tantos títulos... de que te sirven? Y la verdad que tienen razón, en el Poder Judicial y en algunas instancias, tantos títulos parece que no sirven para nada.
No menor es tener presente siempre una frase: "Una práctica sin teoría... es una práctica vacía". Se puede ser el mejor de los prácticos, como aquella famosa disputa entre Savigny y Rudolf Von Ihering, donde éste último en su obra Bromas y Veras en la Jusrisprudencia pinta deliciosamente el cielo al que van los teóricos y el cielo destinado a los prácticos; pero en una discusión, al mejor uso de un argumento de autoridad, los títulos hablan por si mismos, porque no vienen solos, implican constancia, sacrificio y dedicación, entonces deben ser tratados como tales y pagados como tales. No es una recomendación ni un reclamo, es sólo un "acto justo".