sábado, 12 de junio de 2010

La Justificación de "la pena"


El sufrimiento implícito en las penas es lo que ha movido a los filósofos y juristas a buscar una justificación moral de ella.

En primer medida la concepción utilitarista la pena promueve la felicidad general, haciendo que mediante las distintas funciones de la pena, en el futuro se cometan menos delitos, lo que constituye un beneficio social que puede compensar el sufrimiento implícito de la pena. Las desventajas de esta postura es que da lugar a imponer una pena a un inocente. No interesa retribuir el mal sino encontrar un culpable para lograr el efecto futuro de que con la pena no se delinca.

Para Kant, en cambio, prima la idea de retribución; la pena no se justifica como medio para minimizar los males sociales futuros, sino como respuesta a un mal pasado, cualesquiera que sean las consecuencias que esa pena puede tener. La desventaja es que se está castigando un mal con otro mal.

La solución ideal es combinar ambas posiciones.

Si alguien ejecuta libre y conscientemente un acto sabiendo que éste tiene como consecuencia normativa necesaria la pérdida de la inmunidad contra la pena de que los ciudadanos normalmente gozan, él consiente en perder tal inmunidad, o sea, en contraer responsabilidad penal. Este consentimiento es lo que nos permite justificar la imposición a alguien de una pena que satisface, además, la condición de ser un medio necesarios y eficaz de proteger a la sociedad contra males mayores a los involucrados en la misma pena. Como esta teoría consensual de la pena requiere conocimiento de que la responsabilidad penal es una consecuencia necesaria de una acción voluntaria, de ella se infiere la ilegitimidad de penar a un inocente, la exclusión de leyes retroactivas y la exigencia de conocimiento de los hechos y del derecho.