miércoles, 28 de julio de 2010

Arturo Jauretche - Intelectual, combativo y hermano.

Pocos meses antes de morir, confesó su pertenencia a la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Su ingreso, de la mano de Gabriel Del Mazo, fue luego del levantamiento de Paso de los Libres, en 1933. Desde sus vivencias, miembros de la Orden revelan cómo fue su paso por la elitista fraternidad.
Mientras los cuerpos de veinte rebeldes yrigoyenistas agonizaban degollados luego de haber sido derrotados durante la rebelión que se llevó a cabo en Paso de los Libres, Corrientes, en 1933, el pensador Arturo Jauretche era aprisionado por el gobierno de Agustín P. Justo. Días más tarde las orejas de los muertos eran exhibidas por los oficiales del ejército. Debió pasar un año de aquel fallido levantamiento para que el intelectual fuese liberado y se incorporase como masón en busca de protección.

Entró a la Gran Logia en 1934 de la mano del historiador radical Gabriel Del Mazo y gracias al aporte del intelectual Emilio Corbiere. Según éste expuso en su libro “La Masonería II”, Justo y Julio Argentino Roca eran masones y no se metían con los miembros de la fraternidad. Es por esto que el escritor entró, junto con otros intelectuales de la época, como Homero Manzi, quien luchó con él en Paso de los Libres, Atilio García Mellid y José Constantino Barro. Los cuatro fueron los padres fundadores de la Fuerza de la Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) en 1935.

“Nos corrían muy patente. Entramos con la idea de que podíamos estar políticamente protegidos dentro de la Masonería”, le contó Arturo al periodista Rogelio García Luppo, en 1974, meses antes de morir, mientras trabajaban en EUDEBA (Editorial de la Universidad de Buenos Aires). Éste aseguró que el pensador estuvo más de dos años dentro de la Logia.

La iniciación del pensador se llevó a cabo en el Taller de la Respetable Logia Bernardino Rivadavia Nº 364, que funcionaba en un templo ubicado en la Avenida Boedo de la Ciudad de Buenos Aires. Del Mazo pertenecía a esa sede, dentro de la que se encontraba una elite intelectual porteña.

Según el masón y politólogo, Ricardo Romero, Jauretche ya había intentado entrar unos años antes, pero Alcibíades Lappas, historiador e integrante de la Orden, no lo incorporó por diferencias ideológicas. En ese momento la masonería estaba dividida en Gran Logia y Gran Oriente, debido a que se debatía el modelo de desarrollo del país. Lappas, que pertenecía a la última, era más conservador y chocaba con el tinte nacional y popular del escritor. Más tarde, se incorporará a la Gran Logia, que era más liberal. Romero afirma: “Este perfil de Arturo es lo que lo hace ser masón ilustre hoy”.

La adhesión a la Logia

“Para mí él ingresó porque la Orden ofrece espíritu de cuerpo. La Masonería representa liberalidad, progresismo, racionalismo y, para iniciarse, hay que aceptar el grado arquitecto de la misma. Yo considero que él murió masón, era un combatiente”, apuntó Norberto Villar, periodista y militante del Partido Comunista.

Sin embargo, hay muchas hipótesis sobre las posibilidades de entrada a la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Pablo Vázquez, coordinador, investigador y director del Museo Evita, aseguró que probablemente el hecho de que Hipólito Yrigoyen fuese masón influyó en su decisión, ya que los radicales personalistas seguían todas las elecciones de su líder.

“Arturo fue uno de los pocos de esa época que admitió ser de la hermandad. Declararse masón o ser de la masonería en ese momento no era bien visto, era distinto a la época del patriciado. Pero a él no le importaba confesarlo”, destacó.

Vázquez explicó que la religión católica era la matriz político cultural más fuerte en la Argentina, desde los `30 a los `50. A pesar de esto, el pensador era laico y, por eso, no le interesaba ocultar su pertenencia a la Orden.

Ricardo E. Polo, masón y director de la revista Hiram Abif, conoció a Jauretche durante muchos años y aseguró que ambos compartían su adhesión a la fraternidad: “Nosotros nos juntábamos a desayunar en un barcito de Esmeralda y Córdoba y nunca me lo dijo directamente. Pero, entre nosotros, no hace falta. Tanto por nuestro lenguaje como por los temas que siempre discutimos, nos damos cuenta enseguida si nuestro interlocutor es Hermano masón”.

Según el sociólogo Horacio Llanos, la hipótesis más fuerte señala que la Logia le propuso entrar por sus condiciones intelectuales. “Estimo que su adhesión fue desde el punto de vista idealista y no por qué ventajas podía conseguir”, explayó.

Sin registros, pero con testimonios

A pesar de que los registros que documentaron el ingreso de Arturo Jauretche a la Orden son secretos y accesibles sólo para los Hermanos masones, a partir de diversos testimonios, fue posible confirmar la entrada del pensador gracias a la ayuda de Del Mazo. Además, quienes lo conocieron confirman que su iniciación estuvo estrechamente vinculada a su necesidad de obtener protección política, pero, también, fue el modo que encontró para alinearse ideológicamente con otros intelectuales.

Desde su experiencia dentro de la Logia y por su vínculo con el escritor, Polo concluyó: “A Don Arturo le agradaba la fraternidad que nos caracteriza, la disposición a la ayuda desinteresada, el compromiso social que busca la redención del hombre, el hecho cierto de que siempre puede contarse con el auxilio y la colaboración de cualquier Hermano”.

Fuente: Trabajo enviado por Julieta Cravero. Estudiante del último año de periodismo en TEA Capital Federal.