lunes, 23 de agosto de 2010

El Reino de los Fines de Kant

Kant (“Crítica a la razón práctica” – 1790) responde a la teoría de que la corrección moral de un acto no está dada por el hecho de que sus consecuencias maximicen cierto bien intrínseco, sino que depende de que, por su naturaleza inherente, constituya el cumplimiento de un deber. El concepto de deber es prioritario sobre el concepto de bondad.

Divide todo el conocimiento en lógica, física y ética. Las verdades de la lógica adquieren validez universal. Las verdades de la física son substantivas y no puramente formales, pero su campo de aplicación está limitado al ámbito de la posibilidad de experiencia sensorial. La ética combinando las dos anteriores tiene la universalidad de la lógica y posee verdades substantivas como la física.

Kant presenta los principios morales como universalmente válidos para todos los seres racionales, independientemente de sus apetitos, deseos e inclinaciones contingentes.

Se abstrae de lo fenoménico de cada individuo en sus circunstancias concretas, creencias particulares, inclinaciones, etc., y toma aquello en que todos son iguales, es decir, su entidad racional.

Distinción de Kant:
a) Fenoménico: como seres fenoménicos nosotros estamos sujetos a leyes empíricas de la naturaleza y estamos bajo el influjo de deseos que obedecen a ciertas causas.

b) Nouménico: como seres puramente racionales somos libres y capaces de guiarnos por las leyes universales de la razón práctica.
Toma lo nouménico y deja de lado lo fenoménico. Construimos el conocimiento en base a las categorías, teniendo los principios morales las siguientes características:

a) Autónomos: Son autónomos al hombre como ente racional, se lo impone a sí mismo. Leyes que uno se da a sí mismo con abstracción de los dictados de cierta autoridad humana o divina o de los de nuestros propios deseos o impulsos.

b) Categóricos: Por oposición a hipotético. Siempre son obligatorios. No están condicionados a que tengamos ciertos fines o deseos.

c) Universales: Cada ser racional querrá la misma ley que querría cualquier otro ser racional, y, por lo tanto, esa ley moral obliga a todos los seres racionales por igual.
La característica de universalidad es capital en la filosofía moral de Kant.

Partiendo de tal universalidad entendemos su famoso imperativo categórico: “obra sólo según una máxima universal tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”.

Ejemplificando la máxima antes citada veamos el siguiente ejemplo:

Si mi máxima es la siguiente: “cuando me convenga, prometeré algo y no cumpliré con lo prometido”... ¿Puedo yo querer consistentemente que esa máxima se convierta en ley universal? Evidentemente que no. Puesto que si todo el mundo actuara según esa máxima la institución de la promesa desaparecería, y, en consecuencia, yo no podría prometer; por lo que querer que esa máxima sea universalizada es contradictorio: implica querer al mismo tiempo que la práctica de prometer subsista y no subsista. Por lo tanto esa máxima no puede ser un verdadero principio moral, y la conducta que se conforma a ella es moralmente incorrecta.

El fundamento del imperativo categórico radica en algún fin absoluto de todos los seres humanos. Y ese fin absoluto es que todo ser humano existe como fin en sí mismo y no solamente como medio.

Siendo la humanidad un fin en sí misma ella es un fin para todos y en consecuencia puede servir de fundamento de una práctica universal.

Esto permite a Kant fundar el siguiente principio: “Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu propia persona como en los demás, siempre como fin en sí mismo y nunca solamente como un medio”, retomando el ejemplo anterior es obvio que estaríamos usando a la persona como medio y no como fin.

El reconocimiento de este principio entre los hombres da lugar a la existencia entre ellos de un “Reino de los Fines”, en que los hombres están enlazados mutuamente, según ciertas leyes morales comunes, como fines y medios: o sea que en ese reino nadie es medio para otro sin ser considerado, al mismo tiempo, por ese otro como un fin en sí mismo.

Los fines subjetivos de seres que son fines en sí mismos deben ser también mis fines.

El concepto de bondad moral está subordinado al de “deber moral”. Un hombre puede merecer la felicidad y no lograrla y, a la inversa, no merecerla y obtenerla. La única felicidad que es buena es la felicidad merecida, la que premia la virtud, pero esto quiere decir que la felicidad a secas no es buena sin calificaciones.

Hay que obrar en aras del cumplimiento del deber. El valor del carácter moral de alguien estriba en hacer el bien no por inclinación sino por deber.

El hombre descubre su libertad en la conciencia de que debe hacer ciertas cosas porque son debidas y no porque las desea.

Kant se sumó a la tradición contractualista de Hobbes, Locke y Rousseau.

Según Kant el derecho a diferencia de la moral, regula solamente acciones exteriores, y el principio universal del derecho es que es justa toda acción que no interfiera con la libertad de los demás según leyes universales.

La filosofía moral nunca más fue la misma después de Kant, pero las debilidades de la filosofía moral kantiana son también evidentes:

a) Si bien el requisito de la universalidad pone alguna restricción a los juicios que son admisibles como juicios morales, esa restricción es demasiada blanda, ya que no excluye la posibilidad de que distintas personas formulen juicios morales opuestos y en algunos casos deleznables.

b) No ofrece una fundamentación clara del principio de que la humanidad debe considerarse un fin en sí misma.

c) Se ha cuestionado la idea kantiana de que un acto sólo es bueno si se realiza únicamente por conciencia del deber.

d) Muchos cuestionan que es un sistema abstraído de las inclinaciones y deseos de los hombres.

e) Se ha objetado por último que sostener que el deber impuesto por ciertos principios morales deben cumplirse, cualesquiera que sean las consecuencias, constituye una actitud formalista y fetichista frente a las reglas, que carece de justificativo racional.


Acorde a los tiempos que corren y la necesidad de una explicación o fundamentación al por qué? de las cosas, o mejor dicho al por que? se deben hacer las cosas, la fundamentación con base al actuar por el deber mismo arroja una luz a la búsqueda existencial.
En una sociedad donde se ha puesto de moda caer en el constante cuestionamiento de porque se deben hacer ciertas cosas, tales como estudiar, trabajar, levantarse todos los días, o cualquier otra acción singular y concreta que se nos ocurra; podríamos desde el pensamiento de Kant responder que hay que actuar por el deber mismo. Y solo de esta forma, el deber cumplido nos hará mas libres (refiriéndose Kant a la libertad de conciencia).
De alguna manera el deber está para nuestro autor por encima del placer o deseo de la acción, pero de alguna manera la inclinación a la acción debida y su práctica constante se convertirá en máxima de inclinación a la acción debida porque la misma será deseada y de esa forma la ética de la obligación se convertirá tácitamente en una ética de la felicidad... felicidad ante el deber cumplido y la regocijante potencialización de la libertad de conciencia.
Nos queda una mención al Reino de los Fines...
Parecería que Kant imaginaba a las personas entrelazadas por los fines y medios al igual que la ilustración que nos hace el film "cadena de favores". Pero ahora bien, no queda otra solución ante una máxima universal que la consideración del ser humano como fin, ya que si no fuera máxima universal esta premisa, nos quedaría la utilización como medio, lo que eliminaría al igual que el ejemplo dado de la promesa, la categoría de humanidad como fin en sí misma.