domingo, 26 de septiembre de 2010

El Bien Común. Nociones Generales. Idea del Concepto. El Bien Humano, el Bien Común y las formas analógicas. Primacía y Estructura Formal.


El Bien común es la forma más alta de bien, y la idea del bien es primordial en todas las ciencias prácticas y en toda la vida de la actividad humana. La idea del bien, materialmente fundado y coincidente con el ser real de las cosas, es este mismo ser, en cuanto expresa la perfección en sí misma y en cuanto perfectivo de otros. Todo ser, en tanto que ser, contiene un acto, y todo acto es una cierta perfección; por eso, toda cosa es buena según que ella es perfecta. La bondad es la perfección, el grado especial de nobleza o título de la misma en las cosas.
Santo Tomás ve en la idea de bien el principio de todo movimiento.
Cuando nos trasladamos al ámbito del bien humano específico, al campo de los bienes que el hombre persigue, como convenientes y capaces de perfeccionarle, vemos que entonces este obtiene la condición de causa final.
La finalidad es un hecho universal en el movimiento ordenado de las cosas; más sólo el hombre obra por un fin, por el conocimiento y presencia intencional del bien, que es el fin, en su inteligencia; causa final al ser impulsor de todos los apetitos y actividades. La idea de bien común se presenta en el obrar solidario y comunitario de los individuos. El bien común corresponde exactamente, en la vida y actividad de los grupos sociales, al bien privado en la vida y actividad ética de la persona singular, con funciones enteramente equivalentes.
Es la natural indigencia la y necesidad de perfección la que mueve a los hombres a constituirse en sociedad. El hombre necesita de la sociedad para su perfección, para su bien. Por eso se reúnen en sociedad con vistas a un bien común a todos ellos, como a su propio fin.

Es el bien de todos y cada uno, sin excluir a nadie.

Surge entonces la noción de bien común, como una categoría de bien nueva, propia de lo social. Sus características esenciales son la unidad, puesto que es meta y aspiración única, igual para todos los individuos, y la universalidad o totalidad, por el hecho de ser un bien común que engloba los bienes de todos los individuos; social, no puramente personal; público, no privado.

La noción de bien común se concreta de modos esenciales distintos en las diversas sociedades en que se realiza, y que a la vez es una totalidad o concepto análogo respecto de los bienes particulares en él contenidos.

Analogías gradualmente ordenadas en cuanto al bien común de menor a mayor:

a) Formas de bien común imperfecto, referente a las sociedades imperfectas u organizaciones sociales inferiores a la sociedad política: de la sociedad familiar, corporaciones municipales o provinciales y asociaciones libres.

b) Bien común temporal o bien humano completo de la sociedad perfecta, que es el Estado.

c) El bien común natural de la humanidad entera.

d) El bien común sobrenatural de la Iglesia.

e) El bien común inmanente de todo el universo.

f) El bien común trascendente, que es el bien divino.

Santo Tomás ha hablado sobre todo del bien común de la sociedad política, como paradigma y tipo acabado que comprende toda clase de bienes.

Este tipo de bien se presenta como una categoría de bien distinta de los bienes particulares de los individuos, pues se refiere a ellos como el bien del todo respecto de las partes. De ahí su primera característica de totalidad, pues la sociedad misma se presenta como un todo. El bien común es el bien del todo, al cual los individuos contribuyen y participan. Pero debe quedar muy bien en claro, que este tipo de bien común no hace referencia a la aplicación de una noción colectiva, de un colectivismo, porque no se descuida el valor del particular en beneficio del todo como en una posición colectivista; aquí no se sacrifica la parte para bien del todo sino que teniendo en cuenta la parte y respetando a la misma se contribuye también a la armonía y bien del todo.

Tampoco debemos confundir al bien común como la suma de bienes, o la simple colección o suma cuantitativa de los bienes propios o personales de los individuos. Este sentido es expresamente rechazado por Santo Tomás, ya que la diferencia entre el bien común y el bien particular, es de tipo formal o cualitativo y no cuantitativo. Esto se da porque la sociedad no es un mero conglomerado de partes, sino un todo orgánico y realidad distinta de la suma cuantitativa de los individuos.

El bien común, siendo un universal análogo, participa en los singulares, no en igualdad absoluta, sino en modos diversos de igualdad proporcional.

Cada ciudadano es una parte del todo, y la bondad de cada parte solo puede darse en la buena proporción o disposición con respecto al todo orgánico; de ahí que ese bien individual no será tal si no se desarrolla, crece y prospera en debida proporción con todo el conjunto.

El bien mío entendido relativamente, proporcionalmente al bien de éste, de aquel y de todo el mundo. Si un patrón trata de engrosar el caudal privado a expensas de los obreros, sembrando la miseria, inflige un daño al bien común, no por haber crecido su bien privado, sino porque no ha aumentado conjuntamente de un modo proporcional la riqueza de sus obreros, antes ha redundado en perjuicio de ellos. El crecimiento de la riqueza privada, para que se realice según la ley del bien común, debe refluir un bienestar y prosperidad general.

La superioridad del bien común es la consecuencia lógica de todo lo dicho, su propiedad más característica. El bien común es superior al bien singular de cada persona, por ser un bien mayor y más perfecto, bien mejor y más divino, y afirmando con frecuencia que se distingue de él como lo perfecto de lo imperfecto o como el fin universal se distingue del fin particular. Esta superioridad del bien común es no sólo cuantitativa, como una suma lo es respecto de lo sumado, sino formal.

Las personas humanas son parte de ese todo que es la sociedad. Más la parte es ordenable al bien del todo. De ahí que todos los actos virtuosos del hombre, sean relativos a su propia perfección, sean al bien de los demás, son referibles al bien común y puedan ser objetos de disposiciones normativas de la justicia legal, que ordena los actos de todas las virtudes al bien común. Por ello, la justicia legal es virtud general, pues extiende su radio de acción imperativa a las operaciones de todas las virtudes. El hombre no debe aislarse en un individualismo cerrado ni buscar egoísticamente su propio bien con perjuicio del bien de los demás, como si el interés por la vida social fuera tan sólo un lujo de caridad, sino que debe ordenar y orientar socialmente sus fuerzas, sus intereses y negocios.

En la justicia legal, el sujeto de deberes son los individuos para con el estado, y el poder público determina e impera la aportación de las cargas de cada uno de los individuos para con el bien común. La ordenación de los individuos al bien común y el ámbito de sus obligaciones para con él es universal extensivamente. Pero esta ordenación debe tener sus medidas su limitación.

Los miembros del cuerpo humano son todo para el organismo y no tienen otra finalidad que servir a la vida total, sin tener alguna otra exigencia fuera de ese destino. Pero las personas humanas son partes de la sociedad política sólo por analogía, como partes de un todo accidental. Ellas, a su vez, son todos que sirven a otros bienes y finalidades superiores. Tendrá, por lo tanto, limitaciones esa ordenación al bien común social, y ellas, a su vez, sus derechos y exigencias frente a ese todo social.