sábado, 20 de marzo de 2010

Evento en la Facultad de Derecho de la Universidad La Sapienza de Roma, el día jueves 15 de Abril del corriente año


Osservatorio sulla Codificazione e sulla Formazione del Giurista in Cina nel quadro del Sistema Giuridico Romanistico

“SAPIENZA” UNIVERSITÀ DI ROMA - UNIVERSITÀ DI ROMA “TOR VERGATA”

UNIVERSITÀ DELLA CINA DI SCIENZE POLITICHE E GIURISPRUDENZA (CUPL)

CONSIGLIO NAZIONALE DELLE RICERCHE - DIPARTIMENTO IDENTITÀ CULTURALE


Questo Osservatorio, nell’ambito della sua attività di collaborazione con Università e Colleghi cinesi, sta promuovendo la traduzione e pubblicazione di F. De Martino, Storia della Costituzione romana, ed. Jovene, Napoli. Di questa fondamentale opera della scienza romanistica, è stato pubblicato a Pechino, dalla Casa editrice della Università di Pechino, il primo volume, trad. di Xue Jun, con Nota di lettura di P. Catalano. La traduzione del secondo volume è in corso; gli altri seguiranno.

Questo Osservatorio organizza la presentazione a Roma, Facoltà di Giurisprudenza della “Sapienza” Università di Roma, il giorno giovedì 15 aprile p.v., alle ore 15.00 della traduzione predetta. Parteciperanno come espositori i prof. P. Catalano, di Diritto romano, “Sapienza” Università di Roma; G. Ferrara, Emerito, di Diritto costituzionale, “Sapienza” Università di Roma; L. Labruna, di Diritto Romano, Università di Napoli “Federico II”; Consiglio scientifico CNR.; M. Luciani, di Diritto costituzionale, “Sapienza” Università di Roma; F. Masini, Preside, Facoltà di Studi Orientali, “Sapienza” Università di Roma; G. Valditara, di Storia del Diritto romano, Università di Torino, Senatore della Repubblica. Presiederà il prof. F.P. Casavola, Emerito dell’Università di Napoli “Federico II”, Presidente emerito Corte Costituzionale. Sarà presente, e interverrà, il traduttore.

 
Il prof. Francesco de Martino è stato non solo un illustre romanista, ma anche un uomo politico di primo piano nella vita del nostro Paese, ed un atto accademico che rifletta sul significato della traduzione in cinese della sua maggiore opera scientifica ha una diretta connessione con tale dimensione della sua personalità di uomo politico e delle istituzioni.

Il Direttore
Sandro Schipani

Roman Imperial Coins By Zander H. Klawans

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Análisis iusfilosófico de "La Ley"


La ley como causa eficiente del derecho está preordenada para actualizar la voluntad justa. La ley es ordenación y mandato de la razón, es lo conforme a la naturaleza del hombre, y como esta naturaleza es potencialmente social, el Bien común es el término de tal ordenación. La promulgación, por otra parte, es el elemento positivo agregado a tal ordenación para hacerla para todos igualmente objetiva y soberana.

Causas esenciales:
a) Causa Material: La razón (sujeto en que reside)-.

b) Causa Formal: Promulgación.

c) Causa Eficiente: Razón común de aquel que tiene a su cargo la comunidad.

d) Causa Final: Bien común.

Sujeto donde reside la ley

Primeramente la ley es esencialmente algo que es producido y constituido por la razón práctica mediante el acto de imperio. Segundo, la ley esencialmente no es el acto de la razón, sino algo producido por ese acto que son las proposiciones universales imperativas de la razón práctica. La razón es el primer principio de los actos humanos. Los actos humanos se definen y configuran por orden al fin, en función del cual se pone siempre en movimiento la actividad del hombre, incluso cuando se refiere a los medios o cosas útiles, el fin es así el principio y la razón de ser del acto humano. La razón presenta y propone el fin a la voluntad, siendo esta condición de la razón esencial para que se ejecute el acto voluntario. Por ende, el primer principio de la actividad humana, de donde recibe su ser y su especie, es evidentemente la razón, y la ley que regule y mida esos actos ha de pertenecer necesariamente a la razón.

El acto más importante de la ley es el mandar, que se refiere a las cosas buenas, a la bondad de los actos, primera especie de moralidad. Sigue luego el prohibir, que tiene por objeto los actos malos, y el permitir, que mira a los actos indiferentes, y, por fin, el castigar, cuya función es dar eficacia a los demás actos por el temor de la pena. Todos éstos actos si se analizan de cera, muestran el sello directo e inmediato de la razón.

Ahora bien 3 son los actos de la razón práctica: consejo, juicio e imperio. Consejo y juicio no son más que preparación del imperium. La ley es un dictamen, algo imperativo, fruto del imperio de la razón. El imperio es una orden necesariamente racional.

La causa final de la ley: el bien común

El fin de la ley tiene que ser un bien, pues la ley es regla y medida de la moralidad de los actos humanos y es, además, fruto de la razón práctica, que mira a la verdad bajo el aspecto de bondad o bien.

La ley en cuanto tal, o sea que toda ley, no sólo la humana, sino también todas las demás, mira esencialmente, al bien común y no al bien meramente particular o privado.

La ley debe dirigir la actividad de la voluntad del hombre; pero ésta no obra rectamente al querer los bienes particulares si no los refiere al bien común divino, que es la bondad de Dios, bien de todo el universo. El apetito natural de toda cosa que es parte de algún todo se ordena al bien común del todo. Por consiguiente la ley en cuanto tal, si realiza verdaderamente la esencia de ley, es decir, si procede de la razón, divina o humana, y dirige los actos humanos, ha de ordenarse siempre al bien común.

Por otro lado hay que tener en cuenta que a la ley eterna corresponde el orden universal; a la ley divina, el orden moral sobrenatural; a la ley natural, el orden moral natural, a la ley humana, en cuanto enfaizada en lo natural, el orden social civil y a la ley eclesiástica, el orden social de la Iglesia. En cambio, la ley en cuanto tal, objeto del estudio de Santo Tomás en esta cuestión, mira universalmente al orden humano en general, que no se identifica con ninguno de ellos, aunque en todos se realice a su modo, sino que los trasciende como una razón análoga superior a todos ellos.

La ley moral mira primaria y formalmente al bien común por esencia, que es Dios, fin último y bien común perfecto de la vida humana.

Las distintas especies o clases de leyes miran inmediatamente hacia sus respectivos fines o bienes comunes, distintos entre sí, pero subordinados y en relación necesaria al bien común por esencia o fin último.

Dios es el bien común por orden al cual se constituye la ley eterna, que es el dictamen de la razón divina, que ordena los actos y movimientos de todas las criaturas, produciendo el orden universal.

La ley natural no es más que la participación de la ley eterna en el hombre y no hace más que determinar y producir el orden de los actos humanos al último fin, o sea el orden moral, que es una parte, la más importante, del orden universal creado por la ley eterna.

La ley humana es una derivación de la ley natural y como una concreción del orden moral creado por ésta.

A la bienaventuranza sobrenatural perfecta, como supremo bien común, ordena la ley nueva o evangélica, que por eso contiene la gracia y la caridad, que elevan al hombre y hacen posible su tendencia y le hacen capaz de alcanzar el último fin sobrenatural, pero imperfecto, y su valor normativo relativo se halla hoy subsumido en la ley nueva.

La ley eclesiástica responde a la comunidad social que los cristianos forman, necesaria para alcanzar el fin sobrenatural.

Los distintos bienes comunes que constituyen las diversas leyes, tienen que estar subordinados entre sí y ordenarse unos a otros por esa relación necesaria que dicen todos ellos a la bienaventuranza absolutamente perfecta y, en definitiva, al bien común por esencia, que es el objeto de ella.

La ley eterna abarca en un abrazo omnicomprensivo el orden de todas las criaturas y del universo bajo el bien común por esencia, que es Dios.

La ley divina positiva dirige todo el orden humano, ordenando la vida total de los hombres interior y exterior, a la bienaventuranza sobrenatural, que es su bien común. La ley natural dirige también el orden humano, pero sólo en el plano natural, ordenando la vida de los hombres en todos sus aspectos, interiores y exteriores, a la bienaventuranza natural, que es su bien común.

La ley divina y la ley natural son, pues, las manifestaciones supremas en el hombre de la ley eterna.

El orden de la vida humana, de su vida personal, al bien común, es lo que da al hombre su plenitud personal, la perfección última de su carácter de persona.

El bien común, el ser participable a muchos y capaz de perfeccionarles, es necesariamente más perfecto que el bien particular.

La causa eficiente de la Ley: La razón común

Toda ley, por su misma esencia, está ordenada al bien común; pero no todo lo ordenado al bien común es llamado ni tiene razón de ley. Esa ordenación al bien común tiene que estar producida por la causa eficiente propia de la ley, que es la razón común.

Sólo la razón común o pública es causa productora de la ley. La ley es el dictamen imperativo que ordena los actos humanos y los bienes particulares al bien común. Por consiguiente, sólo será productora de la ley aquella razón que mira directamente al bien común y es capaz de mover eficazmente a los actos humanos y a los bienes particulares hacia ese bien. La razón que tienen estas cualidades es sin duda, por definición, la razón pública o común, la cual dice la misma relación al bien común que la razón individual o particular el bien propio de cada uno.

La prudencia gubernativa, por definición, supone necesariamente en el que la detenta el poder o facultad de gobernar la comunidad política; poder que no es otra cosa que la autoridad. Esa prudencia es la virtud propia de la autoridad, que, permite al gobernante realizar debidamente su condición de tal. Las leyes humanas serán fruto de la prudencia gubernativa.

Según esto, la razón común que dicta las leyes no puede ser otra cosa que la razón práctica del gobernante con auténtica autoridad, razón revestida de la prudencia gubernativa. Es, pues, la prudencia gubernativa, por su acto de imperio, la que crea o produce esas proposiciones universales que son las leyes.

La promulgación de la Ley

La promulgación de la ley no significa más que su presentación o manifestación ante los demás, ante la comunidad. Conviene, sin embargo, no confundir esta promulgación fundamental con la mera divulgación, mediante la cual se difunde o propaga el conocimiento de la ley ya promulgada. La promulgación pone la ley ante la comunidad; la divulgación no hace más que propagar y transmitir el conocimiento actual de esa ley.

Por medio de la divulgación, la ley llega así al conocimiento de todos los sujetos sometidos a ella; en cambio, por la promulgación; antes de ser conocida por todos; adquiere su razón de ley y su carácter obligatorio, en cuanto se ha puesto por ella en relación de conocimiento, al menos potencial, con todos. La promulgación es un elemento constitutivo de la esencia de la ley. La manifestación exterior del imperio público, cuando se trata de proposiciones universales en orden al bien común, se llama promulgación.


”La ley es una prescripción de la razón (causa material) en orden al bien común (causa final), promulgada (causa formal) por aquel que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad (causa eficiente)”. En esta definición recoge Tomás de Aquino magistralmente cada uno de los elementos esenciales que concurren a la constitución de la ley, y que no son sino sus cuatro causas.

Santo Tomás justificó la existencia de las leyes humanas en virtud de la naturaleza de la razón y de la incapacidad de la ley natural para ordenar toda la actividad singular del hombre. Destaca también el carácter educativo o pedagógico que es esencial a la ley humana.

El hombre tiene inclinación natural al bien y a la virtud, pero esa tendencia no llega a su plenitud y perfección sino a través de una disciplina o enseñanza en el seno de la sociedad, disciplina que encuentra su guía fundamental en las leyes humanas.

Siguiendo con esta línea de la necesidad de la ley humana se ha apelado a criterios de necesidad en la aplicación o implantación de vías que generen temor y lleven a las personas a no hacer lo que esta prohibido ya que de no haber fórmulas que impartan temor en los ciudadanos éstas serían ignoradas. Se ha afirmado que la ley lleva a la tranquilidad pública.

Recordemos que Platón pregonaba una sociedad sin leyes bajo el mando de los sabios, pero al decir de Santo Tomás de Aquino, es mejor una sociedad con leyes que los pocos sabios, o muchos sabios que se requieren para resolver las innumerables cuestiones, cosa que nos llevaría a postular de inmediato la necesidad de que existan muchos sabios, cosa que es bastante contingente e imposible de pronosticar en una sociedad en un momento dado.

Es mejor por ello formular reglas en abstracto para la aplicación y resolución de los casos concretos.

El punto más importante de la concepción tomista de la ley humana es su fundamentación esencial en la ley natural.

Las leyes humanas dejan de ser auténticas cuando van en contra de la ley natural o no se derivan de ella.

La ley, para serlo de verdad, tiene que ser justa, y la justicia en las cosas humanas es necesariamente determinada por la razón. Ahora bien, la ley natural es la primera regla de la razón, mediante la cual determina la rectitud, o justicia de las cosas, y, por consiguiente, una ley humana en tanto será justa en cuanto se derive o acomode a la ley natural.

Por ello podemos definir la ley humana como “las proposiciones universales de la razón práctica, derivadas como conclusiones o como determinaciones de la ley natural, enderezadas al bien común de la sociedad civil y promulgadas por la prudencia gubernativa de la comunidad política o de quien hace sus veces.

Santo Tomás señala como primera nota del contenido de la ley humana su generalidad o universalidad.

La ley es un precepto común que no se refiere a los actos singulares y concretos como tales, para los que se dan los preceptos particulares de los hombres prudentes, sino a los actos o hechos más generalmente repetidos.

Sin embargo, esto no quiere decir que la ley y el derecho positivo sean sólo comunes y no miren a los individuos y casos singulares. Hay tres partes principales del derecho legal o positivo.

a) Leyes comunes que tienen un carácter general o universal.

b) Los privilegios que, son como leyes privadas, en parte comunes, en parte singulares, porque miran a las personas particulares, pero se extienden a diversos asuntos.

c) Las sentencias judiciales, que constituyen derecho, aunque no son propiamente leyes, sino aplicación de ellas a los casos concretos.

La razón principal de este carácter universal o común de la ley humana se halla, según Santo Tomás, en el orden al bien común, que es el fin que da forma y contenido a esa ley.


La ley humana es una ley moral, y su materia tiene que reducirse a las realidades morales fundamentales, que son los vicios y las virtudes.

La ley humana no debe prohibir todos los vicios, no exige una virtud omnímoda; debe ser tolerante con aquellos vicios o pecados que no afectan a la conservación directa de la vida social, y que sería prácticamente imposible y hasta perjudicial hacerlos desaparecer de una gran parte de los componentes de la sociedad.

Como la ley se impone a toda la comunidad o a una parte considerable de ella, donde la mayoría de los hombres son siempre imperfectos, incapaces de una vida virtuosa completa, de ahí que sólo deba prohibir los vicios más graves, sobre todo los que llevan consigo daño al prójimo y sin cuya prohibición no se puede conservar la sociedad, o, que destruyen la convivencia humana. La ley humana trata, sin duda, de llevar a los hombres hacia la virtud perfecta, pero no lo hace súbitamente, sino por grados, pues, de lo contrario, muchos súbitos, incapaces de soportar el yugo de la ley, derivarían hacia males mayores.

Respecto a las virtudes, Santo Tomás, admite que la ley humana puede abarcar el campo de todas las virtudes, es decir, de todas las especies de virtud, pero no todos los actos de cada virtud, sino sólo aquellos que se pueden ordenar, mediata o inmediatamente, al bien común social.

La ley no impone preceptos sino en la materia de justicia, y si manda actos de otras virtudes, lo hace únicamente en cuanto asumen la razón de justicia.

Los actos de la virtud pertenecen a la ley humana únicamente en cuanto ordenables al bien común civil, y esta ordenación es fruto de la justicia, sin duda la justicia legal, virtud general que a su modo encierra y ordena las demás virtudes, especialmente las justicias particulares.

Las leyes humanas, propiamente tales pueden ser justas e injustas. Las leyes justas obligan siempre en conciencia.

Las leyes injustas presentan dos formas distintas, según provenga su injusticia de la oposición al bien humano o al bien divino. En el primer caso, son leyes que no obligan de suyo en conciencia, a no ser para evitar el escándalo o cuando los males que se siguen son superiores al bien que se ha de conseguir; más que leyes son violencias, dice el Angélico. Cuando se oponen al bien divino, porque se inducen a la idolatría o a cualquier otra cosa contraria a la ley divina, no pueden ser observadas en conciencia, de ningún modo y bajo ninguna razón.

Es obligación muy verdadera la de prestar reverencia a la autoridad y obedecer con sumisión las leyes justas, quedando así los ciudadanos libres de las injusticias de los inicuos gracias a la fuerza y vigilancia de la ley. La potestad legítima viene de Dios, y el que resiste a la potestad resiste a la ordenación de Dios; con lo cual queda muy ennoblecida la obediencia, ya que ésta se presta a la más justa y elevada autoridad; pero cuando falta el derecho de mandar o se manda algo contra la razón, contra la ley eterna o los mandamientos divinos, es justo no obedecer a los hombres, se entiende para obedecer a Dios.

En primer lugar, las leyes justas obligan en conciencia, porque se derivan de la ley eterna y de ella reciben una fuerza de obligación que afecta evidentemente a la conciencia.

Por eso, el resistir a la autoridad que dicta la ley humana en aquellas cosas que le pertenecen, es resistir a Dios y hacerse por ello reo en conciencia; en el juicio de la ley humana, cuando es justa, está contenido el juicio de Dios, que es juicio de conciencia.

El hombre es parte de la multitud y se debe a ella, tiene obligación en conciencia de ordenarse al bien común de la sociedad, dirigido por la autoridad a través de leyes justas. En conciencia, el hombre no puede dejar de someterse a las leyes que encarnan y determinan en concreto esa exigencia natural de su ser social, que de otra manera quedaría sin sentido.

La virtud de la Justicia


El nombre latino de iustitia deriva de iustum, y este es adjetivo de ius. Los romanos dieron al revés la interpretación, derivando el vocablo ius de iustitia. Pero filosóficamente tanto iustum como iustitia proceden de la forma verbal más primitiva y simple: “ius”.

Hay dos acepciones básicas de justicia a tener en cuenta:

La primera, de la “justicia general”, está reflejada en la definición de San Anselmo, en este sentido general y amplio, justicia es sinónimo de rectitud. Dicha justicia comprende toda la rectitud moral, la debida ordenación de todos lo movimientos del alma entre si y sumisión de todos a su fin último que es Dios.

La justicia platónica es la virtud general, común a las tres partes, racional, irascible y concupiscible, y consistente en la concordia o estética armonía de todas las partes y movimientos del alma, resultante de las otras tres virtudes, prudencia, fortaleza y templanza. Y en la sociedad es la armonía general que resulta de los tres estados, mercenarios, guerreros y magistrados, y la debida disposición de todos entre sí, de tal modo que cada orden permanezca dentro de los límites de su propio puesto y labor. Aristóteles admite tal concepto de justicia general, pero no es para él la justicia propia, y en el plano individual es llamada por él y por Santo Tomás justicia metafórica. Esta concepción pasó después a los Padres de la Iglesia. Es también acepción muy común en la Sagrada Escritura.

A esta justicia metafórica, insistimos, se la relaciona con un sentido bíblico de rectitud moral o de santidad, llamada por metáfora, porque en ella se verifica un simulacro o apariencia de justicia propia.

El segundo es el sentido estricto y propio de la justicia como virtud cardinal, la que se refiere a realizar las obras de justicia o a dar a cada uno lo suyo.

En este sentido subdividimos dos órdenes:

a) Acepción objetiva: Orden objetivo de la justicia. La justicia así entendida se identifica con las exigencias de la naturaleza, con el orden de la ley o el derecho objetivo. Tal acepción no representa el sentido moral y propio de la justicia como virtud, sino la justicia objetivada y realizada.

b) Acepción formal: Justicia como virtud, justicia en sentido subjetivo, acepción a la que nos vamos a referir.

Para Ulpiano Justicia es “La constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo”. Para Santo Tomás la fórmula es recta si es debidamente entendida. Voluntad perpetua no se refiere a una perpetuidad efectiva o a un acto que dure perpetuamente, tal es sólo la justicia divina, sino se refiere al objeto, porque implica el propósito de obrar justamente siempre y en toda circunstancia. La virtud no se adquiere mientras no se llegue a esta constancia de obrar la justicia.

Para Tomás la justicia es “el hábito virtuoso de la voluntad por el cual somos inclinados con firmeza y constancia a dar a cada uno su derecho”.

Se evita la confusión que “lo suyo” generaba al pensarse que solo se refería a lo material, siendo que “suyo” hace referencia a muchas cosas que atañen al sujeto como pertenencia propia, concluyendo que “lo suyo” es todo lo que puede hacerse coincidente con su derecho, sea corporal o incorporal, aunque no se tenga sobre ello posesión efectiva, basta que sea algo sobre lo cual se tenga alguna exigencia, algún derecho, aunque imperfecto. Lo “suyo” no debe entenderse sólo en el sentido material de las cosas poseídas o referido al simple dominio de propiedad, sino en toda la amplitud en que interpreta Santo Tomás, como equivalente a todo lo ordenado a otro, lo que es debido a otro.

Pero además de la definición del acto general y de las condiciones del objeto, Santo Tomás analiza tres aspectos de la justicia habitual, por la que los hombres son llamados justos:

a) Esta justicia habitual es ante todo, “virtud”. Virtud es la que hace bueno al sujeto y sus actos. La realización del derecho, es no sólo un bien para otro, sino un bien para el propio sujeto. Es además virtud cardinal, se reserva, la materia principal y más difícil en el género de virtudes que rectifican las operaciones exteriores, que han de cumplir los deberes con el prójimo. Como virtud dicta y mueve a obrar lo que es justo, a sentir y desear que se haga justicia, y que se traduce por lo tanto en sentimientos.

b) La justicia reside, como en sujeto propio, en la voluntad. Aristóteles no reconocía expresamente la voluntad en su división de las potencias: racional por esencia y racional por participación. El concepto claro de voluntad, como apetito espiritual comprendido bajo lo racional por esencia, deriva sobre todo de la tradición agustiniana, así como la idea de que ella sea el sujeto inmediato de la justicia. Las operaciones exteriores ordenadas al bien de otros brotan del principio de toda acción, que es el apetito. Este no puede ser sensible, sino el apetito intelectivo, que es la voluntad, porque el bien exterior, que consiste en la proporción y orden de otros, sólo es captado por la razón. El apetito sensible no puede dirigirse a este bonum alterius, que es un bien racional.

c) La Justicia es la más excelente de todas las virtudes. Ya Aristóteles había dicho que “la más preclara de las virtudes, y ni el lucero de la mañana ni la estrella vespertina son tan admirables como ella.

El objeto formal de la justicia es el derecho, el cual tiene como nota esencial la alteridad, luego Santo Tomás va a referir las demás condiciones del objeto formal cuando se refiere a la Justicia particular.

Retomando la primer idea, la “alteridad” hace referencia a que la idea de justicia implica originaria ordenación a otro, ya que como lo señala el angélico, la función propia de la justicia es rectificar las acciones entre dos sujetos de derechos y deberes.

La segunda nota es la idea de “débito”, lo justo es lo debido a otro, lo que la virtud debe dar a esa otra persona por ser suyo y está constituido formalmente por la exigencia o derecho subjetivo del otro, recayendo sobre ese objeto o materia de la justicia.

La tercera y última nota diferencial del derecho es la “igualdad”.

El Aquinate enumera dos elementos de este objeto material: las acciones exteriores y las cosas que son usadas por ellas, lo que da lugar a la distinción de la doble materia de la virtud: la materia remota, o los objetos que son usados por los actos de justicia, cambiados, vendidos, restituidos, etc, y la materia próxima, o éstas acciones exteriores de contratar, restituir, distribuir, etc. Y, en general, de dar a cada uno lo suyo. La justicia debe rectificar al hombre en su vida de relación con los demás, y es bien patente que unos se ordenan y relacionan con los otros mediante las actividades exteriores y el uso y comunicación de las cosas externas que mediante aquellas afectuosamente.

La materia de la justicia es la operación exterior, medida por una proporción de igualdad con las exigencias de otra persona. La rectitud, o medio virtuoso, está entonces en que se guarde esa igualdad exterior. Es decir, se mide por una norma estrictamente objetiva que es el derecho de otro, sin atender a las disposiciones internas del sujeto. Y el acto será virtuoso sólo cuando se ajuste a esta regla del justo medio y estricta igualdad.

Surge entonces la dificultad obvia, y es que la justicia no parece salvar la razón genérica de virtud. Lo propio de esta es poner en los actos la medida o regla de la razón, y aquí no parece darse. En el obrar virtuoso siempre se incluye el debido orden al sujeto operante, pues la virtud hace bueno al sujeto y sus actos. Pero si en la medida del acto justo no se tiene para nada en cuenta la relación al sujeto, tendríamos una obra justa, recta y debida, aun realizada con intención perversa y otros defectos subjetivos, incluso arrancada por la fuerza de medios coactivos.

Ahora bien, para que se constituya la acción formalmente justa hace falta que la intención del agente y las demás disposiciones del sujeto sean rectas, que se conformen con el fin objetivo del opus iustum, que es dar al otro lo suyo.

La justicia en su acepción propia y estricta, se divide inmediatamente en justicia legal o general y particular (conmutativa y distributiva) según que relacione con cada individuo en general o con todos en conjunto y formando comunidad.

Aristóteles ha dado valor preponderante a la justicia legal, la que designa con dos apelativos: “legal” y “general”. Es general porque se extiende a los actos de todas las virtudes, ordenándolos al bien común, recibiendo también el nombre de justicia social; “es la virtud que inclina y mueve a los miembros del cuerpo social, en cuanto tales, a dar a la sociedad todo aquello que le es debido en orden a procurar el bien común”. En su proyección objetiva, se la concibe como la justicia que tiene por función regular las relaciones jurídicas de los ciudadanos para con el bien común.

Pero con respecto a esta justicia, han surgido discusiones en torno a su naturaleza, dudando de su misma existencia como virtud especial. No es justicia en sentido propio, cuya función sea dar a cada uno su derecho. La única justicia propia o cardinal es la justicia particular, con sus dos especies, ya que la justicia legal tiene por función ordenar los actos de las demás virtudes y se identificaría con la obediencia general a las leyes. La justicia legal es, en su esencia, virtud especial distinta, y se llama general por su influencia de causalidad sobre todas las demás.

Una nueva tendencia sostiene la posibilidad de una nueva denominación: “la justicia social” la cual aparece por primera vez en 1887 por La Tour du Pin y por los sillonistas.

Hay quienes sostienen que se trata de una cuarta especie de justicia. El sujeto activo y pasivo de la justicia social no serían el Estado y los individuos, sino los distintos grupos sociales entre sí y los individuos como miembros de estos grupos sociales, y la justicia social señalaría las exigencias o reivindicaciones de estos grupos, sobre todo en materia económico – social.

Pero la opinión más generalizada es la que identifica la justicia social con la legal de Santo Tomás.

Es común la opinión de que la definición de justicia, dada anteriormente, es esencialmente “norma”en cuanto ordena universalmente la conducta jurídica.

Si tal definición (Dar a cada uno lo suyo) importa una norma, es lógico suponer que tal regla importa un contenido “lo suyo”. Pero lógicamente por “lo suyo” nada puede entenderse si no es en determinación a una determinada apreciación histórica (ataque al Iusnaturalismo); por lo que tal definición quedaría siempre fundada en el dato histórico sobre las distintas concepciones de “lo suyo”.

Tal es el caso de la escuela histórica la cual niega la existencia de una esencia inmutable de la conducta jurídica: toda concepción de justicia se condensa en el derecho que rige la conducta en un momento dado. El derecho, en consecuencia, no es otra cosa que el conjunto de normas que reglan las relaciones humanas conforme a las avaluaciones de la época. No hay, pues, para el historicismo distinción real entre el derecho y la Justicia: todo derecho es justo del mismo modo que lo justo es el derecho, desde que lo recto es la justicia social imperante.

Desde el punto de vista del idealismo crítico de Marburgo se sostiene la equivocidad entre Justicia y derecho por lo que puede existir un derecho constituido objetivamente por las categorías del concepto y, no obstante, ser injusto por su disconformidad con la idea de justicia. Vemos entonces que se da la posibilidad lógica de un derecho injusto. El derecho, por lo tanto, no siempre es lo justo. Por eso la palabra “derecho” es equívoca en esta concepción, ya que puede representar al derecho justo o al derecho injusto.

Para nosotros en cambio la justicia es un nombre análogo (analogía de atribución), ni unívoco ni equívoco, decir ley justa, acto jurídico, sentencia justa, etc. supone la participación de éstos en la justicia de modo idéntico y, a la vez, de modo diverso.

Nosotros sostenemos que es una norma, pero que tiene un sentido y características diferentes al de las otras normas, por lo que la convierte en una regla con contenido inmutable.

Lo justo, lo absolutamente recto, es el fundamento del Derecho. Si existen relaciones humanas, lo recto es el objeto común de tales relaciones, y como lo recto es la acción justa; se sigue que “lo justo” es la esencia y razón de ser de toda conducta jurídica.

Debemos preguntarnos: ¿Cuál es la esencia del derecho? Esta sólo podemos determinarla por el concepto abstraído de la realidad misma de la conducta jurídica. Pero, entonces, ¿El derecho es la ley? La ley es cierta razón, regla y modo de derecho y no el derecho mismo: éste es anterior, trascendente a la Ley, como también a la facultad jurídica o al ánimo del Juez que hace justicia. Mas aún, la Ley, para merecer tal nombre, para ser Derecho, ha de participar de la razón de lo justo (ratio iuris), que el legislador percibe y a la que da un modo existencial mediante su formulación racional e imperativa.

Justicia y Derecho – Algunas Conclusiones
Recordemos que la escuela histórica niega la existencia de una esencia inmutable de la conducta jurídica: toda concepción de justicia se condensa en el derecho que rige la conducta en un momento dado. El derecho no es otra cosa que el conjunto de normas que reglan las relaciones humanas conforme a las avalaciones de la época. Lo justo es lo que disponen las reglas jurídicas tanto positivas como vigentes en un determinado lugar y conformes a las necesidades, intereses y diversos modos de interpretarlos. La justicia tiene para esta concepción un sentido unívoco ya que será justo sólo lo que las reglas jurídicas de un determinado lugar dispongan. Pero también hay otra concepción que establece el sentido equívoco ya que la palabra derecho puede significar a la vez dos tipos de relaciones tanto la de derecho justo como la del derecho injusto; aquí incurrimos en la aberración de suponer una conducta ajustada a derecho cuando es contraria a la justicia.

Para nuestra concepción la justicia es un nombre análogo no unívoco ni equívoco. Es evidente que entre la ley, lo justo y el derecho subjetivo no hay equivocidad, sino analogía, y precisamente analogía de atribución.

Para concluir, la noción de justicia es, por tanto, el potencial determinante, preexistente a la relación jurídica. Justicia es criterio supremo que dirige y regula la conducta. Derecho, en cambio, es la actualización de dicho criterio en cada relación, en cada acuerdo de voluntades. La justicia es la razón de ser del derecho, su fundamento; el derecho, es la facultad subjetiva, o la norma objetiva o la relación jurídica o la sentencia del juez que participan de aquella razón por analogía de atribución.


Profundización sobre la Justicia desde un análisis iusfilosófico: La Justicia como "Con Causa Metafísica" del Derecho


En el orden moral la actividad individual es regulada en sí misma y sus efectos se van a proyectar sólo en la conciencia del hombre, en el orden jurídico, la actividad individual, además es regulada en relación a la actividad del semejante, por lo tanto sus efectos van a trascender el ámbito de esta voluntad individual y se van a proyectar al ámbito social. Ahora, si hay efectos distintos, se presupone que existen distintas causas. Esto es así porque el individuo existe, en cambio la sociedad no existe, siendo simplemente, un fenómeno de coexistencia. Este fenómeno de la coexistencia, será en definitiva, un modo de existir de las voluntades individuales. De aquí se desprende que esta cuestión de la coexistencia y de la existencia son dos momentos distintos, uno previo al otro (la existencia). Por esto, la regulación de la coexistencia deberá necesariamente ser hecha por la misma causa que ordena la existencia, por lo tanto la causa que regula la existencia será la razón de la coexistencia. Por lo tanto en lo moral la justicia es la causa eficiente y en el derecho es la razón intrínseca del orden jurídico. Es decir, la relación jurídica presupone el acto moral ya formado, por lo tanto, todo lo que extrínsecamente contribuye a la formación del acto moral se, encuentra ya, como intrínseco del acto jurídico.

Profundización sobre la Justicia desde un análisis iusfilosófico: La Justicia como causa formal del derecho y "Lo Justo" como forma determinante del derecho



Por impulso de la causa eficiente, la potencialidad jurídica que es en realidad intrínseca en la interactividad voluntaria, se actualiza en una relación de derecho. Tal acto, intrínseco, es producido por la propia potencia.

Es jurídica potencialmente la relación por virtud de una decisión libre y por la conmutación igualitaria en las prestaciones. Es la potencia la que se actualiza y no la norma la que actualiza dichas voluntades. La norma, es sólo impulso para poner en movimiento lo que de suyo y en sí mismo contiene como sustancia móvil capaz de transformarse en acto, vale decir, adquirir una perfección.

Si nos preguntamos que es el derecho, responderemos que no puede ser otra cosa en esencia que “lo justo”, ya que es el único inteligible abstraído de la realidad práctica, por el cual significamos de modo análogo lo justo en cada caso.

En el orden de las relaciones humanas, el derecho es simplemente el orden que resulta del que dirige y ordena y como el derecho por la misma etimología del término es lo recto se sigue que a lo recto preexiste la razón de tal rectitud o sea la acción que ordena rectamente; tal por antonomasia, la justicia.

Decimos acción que ordena rectamente porque la justicia es ante todo “virtud”. Por ello la justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo.

En el orden moral, las virtudes constituyen conjuntamente con la ley la causa eficiente del acto moral, por lo que en consecuencia, la justicia es causa eficiente de la rectitud interior del hombre. Pero esta causa eficiente del orden moral ético, se transforma en causa formal del orden jurídico; de ahí la íntima conexión y subordinación del derecho a la moral.

¿Cómo ahora una causa eficiente de la conducta que obra sobre ella extrínsecamente puede cambiar su naturaleza causal para transformarse en causa intrínseca formal de esa misma conducta?

Si la unilateralidad es resultado del acto moral y la bilateralidad la característica de la relación jurídica, debemos suponer que la misma voluntad produce efectos diferentes, luego la diferencia de efectos presupone diferencias en las causas. De esta manera explicaríamos la diferencia de efectos por una especie de con – causa metafísica, según se verá en el punto siguiente.

La relación presupone ya el acto moral formado; en consecuencia, todo lo que extrínsecamente contribuye a la constitución del acto moral se encuentra ya como formando parte intrínseca del acto que genera: el jurídico. La justicia por tanto presupuesto extrínseco de la moralidad no puede ser sino causa intrínseca del derecho desde que ya no actúa sino a través de una voluntad moralmente preconstituida.

jueves, 11 de marzo de 2010

Objetivos de la Universidad Católica de Córdoba para el ciclo 2010


OBJETIVOS UCC PARA 2010

Introducción.

Estamos en un momento clave de la gestión de la Universidad. Es clave porque ya llevamos algunos años explicando y desarrollando un modelo de gestión que intenta vincular calidad académica con compromiso social.

Intentamos que ese enfoque abarque todas las áreas e impactos de la UCC (Impacto educativo, el impacto cognoscitivo, el impacto social, el organizacional y el ambiental).

Hemos dado pasos constatables (proyectos con incentivos económicos, institucionalización de algunos programas, premios a los trabajos finales de carrera, incorporación de criterios de responsabilidad social en las convocatorias a proyectos de investigación, participación en instancias públicas de debate y de elaboración de políticas públicas; etc).

Hasta ahora ha sido una política impulsada fuertemente desde el rectorado y acompañada de diversas maneras desde las diversas unidades académicas y secretarías.

A partir de ahora no debe ser más así. Es el momento de que se tomen iniciativas más claras y definitivas desde las mismas unidades académicas y secretarías de la Universidad. Los proyectos de investigación, las dedicaciones, la formación docente, las participaciones en eventos académicos, las publicaciones, las acciones de proyección social, las consultorías, la vinculación tecnológica, y -por supuesto- los contenidos que transmitimos en nuestras clases; todo debe ir siendo enfocado desde la perspectiva de impacto social preferentemente a los sectores más desfavorecidos. Tienen entonces una responsabilidad especial quienes conducen las unidades académicas y secretarías del rectorado en asumir este enfoque y participar activamente en la definición de propuestas realistas y viables.

Que la Universidad Católica sea de verdad más comprometida socialmente no depende de un área en particular, sino de la convicción y las decisiones de quienes hacen la universidad y en particular de quienes tienen que animar y conducir los procesos: esto es, las unidades académicas.

Por eso este año cada unidad académica deberá elaborar detalladamente su plan de gestión proponiendo pasos viables y reales a dar en cuanto al compromiso social en los cinco impactos que hemos evaluado en el proceso de auto-evaluación AUSJAL en RSU. Solamente si las unidades académicas se apropian del proceso de mejora (y del espíritu que lo anima), los cambios serán más profundos y duraderos.

Principales Objetivos generales para el 2010.

Teniendo en cuenta las propuestas de mejora presentadas por quienes llevaron adelante el proceso de Auto -evaluación, y los objetivos y aspiraciones del plan de Desarrollo 2009 – 2013, nos planteamos estos objetivos para el año 2010.

I. II. III. IV. Formación integral con responsabilidad social/ selección, dedicación, investigación y formación continua.

Definición de estímulos para responsables y miembros de programas de RSU en articulación con la reformulación del sistema de dedicaciones (inclusión paulatina de dedicaciones part o full a tareas que vinculan proyección social y docencia, como así también otorgar algún tipo de dedicación especial a responsables de programas estables de RSU). A tal fin se está elaborando la Convocatoria a dedicaciones docentes haciendo especial énfasis en proyección social (Responsables: VRMU – VRA).

Conformación y puesta en funcionamiento de una Comisión de apoyo a la revisión de planes de estudio, conformada por referentes de la Secretaría de Pedagogía Universitaria (SPU) y el área de RSU. Esta comisión interactuará en todas las reformas del planes de estudios que se hagan ayudando a introducir o fortalecer criterios de compromiso social y de vinculación de aprendizaje servicio Responsables: VRA – VRMU).

Profundizar la vinculación ya existente –con RSU- para convocatorias, seguimiento y evaluación de proyectos de Investigación.

Desarrollo de jornadas conjuntas de reflexión y formación en RSU entre secretaría de Pedagogía Universitaria PROFODU/ RSU/ Secretaría de Investigación y Dto. De Formación. Es necesario profundizar la formación en este enfoque (VRA).

Cada Unidad académica elaborará un plan de gestión proponiendo pasos viables y concretos a dar en cuanto al compromiso social en los cinco impactos que hemos evaluado en el proceso de auto-evaluación de AUSJAL en RSU. (VRA)

Alentar un mayor aprovechamiento, por parte de la comunidad universitaria, de las diversas instancias de formación y espiritualidad ofrecidas por el Área de Pastoral (retiros, talleres, etc.) y por el Departamento de Formación (cursos, jornadas, etc.).

Consolidar el proceso de vinculación tecnológica de la UCC, impulsando la Agencia de Gestión Tecnológica como herramienta de interacción entre la producción del conocimiento y el sistema productivo.

Esta vinculación tecnológica debe ir en diálogo con una política –a elaborar- de proyección social del conocimiento en la UCC.

Modificar la grilla de selección docente en el ítem Proyección Social, para expresar con más claridad y precisión los criterios que la UCC tiene al respecto. (Para su elaboración, se pedirá la colaboración al área académica y a las distintas unidades académicas).

Comenzar la puesta en práctica del nuevo sistema de evaluaciones periódicas del personal docente. Cada unidad académica, en conformidad con los plazos previstos en el Plan de Desarrollo, diseñará en el primer semestre del año, la modalidad concreta de su aplicación progresiva.

Acrecentar la participación docente en las diversas instancias de formación pedagógica ofrecidas por la Universidad.

Continuar con los programas de estímulo a las publicaciones y participación en Congresos.

Estimular y apoyar la formación en postgrado de nuestros docentes, particularmente mediante el programa especial de Becas de Postgrado.

Implementar también, las nuevas normativas referidas a licencias motivadas por año sabático y por la realización de estudios, actividades culturales.

Consolidar el desarrollo de la Editorial mediante diversos instrumentos que aseguren la calidad de publicaciones (sistema de referato, contratos, etc.) y la difusión e intercambio de las mismas.

Poner en funcionamiento, en el segundo semestre, la planta baja del nuevo edificio de la Biblioteca. Este paso, además de mejorar sensiblemente la utilización de la misma, permitirá contar con nuevos espacios dedicados a aulas, salas de reuniones, lugar de recreación, etc.

V. Comunicación institucional e intercambio.

Elaborar y poner en marcha Estrategia y Plan de comunicación institucional a nivel interno y externo (Sedeai).

Diseño y puesta en funcionamiento de un programa especial de comunicación y visibilidad interna y externa sobre el enfoque y los alcances de los proyectos y programas de RSU (Sedeai).

Consolidar lazos estratégicos con universidades de Europa y América del Norte.

Continuar profundizando de manera dinámica nuestra participación en la red AUSJAL.

VI. Gestión responsable del personal y de los recursos económicos.

Incorporación de criterios de gestión ambiental en la contratación de proveedores, servicios y obras nuevas.

Dar los primeros pasos para la elaboración de una política ambiental de la UCC.

Continuar profundizando las acciones de capacitación y formación permanente del personal administrativo y de servicio.

Continuar el proceso de mejora y crecimiento en el área de mantenimiento, de manera de hacer cada vez más eficiente el servicio.

Continuar las acciones tendientes a mejorar la accesibilidad de nuestros edificios a personas con algún tipo de discapacidad.

Avanzar en las acciones tendientes a recuperar deudas arancelarias con significativo atraso.

Instalar en el sistema informático de cada unidad académica el sistema de ejecución presupuestaria, a fin de que las respectivas unidades académicas puedan seguir los movimientos financieros que son de su responsabilidad.

Contratación de alguien especializado en el área de Fundrising.

Continuar con el inventario permanente de bienes de uso.