viernes, 1 de octubre de 2010

El Nacionalismo

En el núcleo del nacionalismo conservador se encuentra la idea de que la identidad nacional implica de forma integral lealtad a la autoridad. Pensarse como británico es reconocer la autoridad de instituciones tales como la monarquía.

La principal acusación de los nacionalistas conservadores contra los liberales es que los últimos pasan por alto la necesidad de una fuente prepolítica de unidad que fundamente el estado.

La nación es comparada con una familia.

La familia requiere que sus hijos más jóvenes no sólo sean leales sino piadosos y es esto lo que, desde el punto de vista conservador, conforma la disposición propia del patriota.

Un hombre que carece de piedad no sabe, en sentido amplio, cómo comportarse y sentir. No sabe como hablar de la muerte; no sabe de forma cabal qué sea un insulto; carece del sentido de lugar; no considera la vejez como “venerable”. En una escala mayor será incapaz de comprender el amor a la patria.

La Iglesia nacional ha de ser una iglesia establecida con derechos y deberes especiales. Esto va inmediatamente en contra de la idea de que el estado ha de ser neutral, o dar igual reconocimiento, respecto a las diferentes prácticas culturales que puedan surgir en una sociedad plural.

Está implícita en la comprensión conservadora de la nacionalidad el que las creencias y las prácticas que la componen necesitan de protección frente al ácido corrosivo de la crítica.

La concepción conservadora de la nacionalidad parece promover la disuasión e incluso una actitud de prohibición hacia los inmigrantes potenciales que no compartan de antemano la cultura nacional.

El conservador moderno no considera la identidad nacional tan autoridad como pretende que sea. Es bien consciente del hecho de que las identidades nacionales están en flujo constante y que las tradiciones que desea apoyar pueden ser de reciente invención. Por tanto, al aconsejar deferencia y piedad hacia esas tradiciones, no puede evitar el ser algo falso: está recomendando a sus lectores que adopten actitudes que él mismo no comparte.

Algunos aspectos sobre la causalidad y el orden moral como superior al orden jurídico


La Causa Eficiente en el orden humano no obra ciegamente como obran las causas naturales en los seres inorgánicos y en los orgánicos. Por consiguiente para que esta causa eficiente obre inteligentemente sobre las potencias del ser, ella ha de obrar en cada caso, sirviéndose de un modelo (causa ejemplar) que sea de la especie del fin que desea conseguir y no cualquier tipo de modelo.

En el orden jurídico el fin que se busca es el bien común, luego es necesario que la norma o ley, causa eficiente del derecho obre en el sentido de lo justo en cada caso, inspirándose en un modelo de conducta que sea de la especie del fin que se busca.

La acción eficiente de la norma debe inspirarse, o mejor, tratar de imitar un tipo de orden, no jurídico por cuanto éste es el que se trata de elaborar, sino de un orden preexistente al jurídico y que, a la vez, sea de su especie. Debemos buscar otro orden con relación al bien en si, superior al de la comunidad social, por ser él jerárquicamente modelo en cuanto a un orden inferior que le está sometido, cual es, el orden social. En este sentido el fin del derecho no es el orden, sino el bien común o el bienestar común que resulta del orden jurídico. Por ello, el fin se constituye en la causa extrínseca del derecho. El bien común se logra en consecuencia por el orden jurídico es decir por la conducta conforme a la justicia. En consecuencia el orden es el medio necesario para este Bien. Pero el orden jurídico es lo que se pretende realizar, luego este orden no puede servir de modelo desde que aún no lo conocemos. Debe, pues, existir otro orden que sea de la especie del jurídico, pero a la vez superior a él para que pueda constituir un arquetipo; tal el orden moral.

Aspectos que relacionan a Hitler con el Ocultismo.


Siguiendo nuevamente la obra de Paul H. Koch "Illuminati" hay algunas notas a tener en cuenta que permiten desvelar hipótesis de armonía entre las ciencias ocultas y el principal exponente del nacionalismo alemán. Nuestro autor nos enumera las siguientes:

1) Lugar de nacimiento: Braunau am Inn era caracterizado por ser un reconocido centro de médiums y videntes.

2) Su obsesión permanente por los libros de ocultismo, magia, reencarnación y espiritualidad, y su relación constante con personas movidas por los mismos intereses.

3) Sus primeros encuentros con la esvástica, esculpida por doquier en la abadía benedictina de Lambach.

4) Su intuición por preveer el peligro.

5) Su capacidad magnética para fascinar e hipnotizar no sólo a las masas, sino individualmente, además de su afán personal por comenzar la conquista política de Alemania justo en Baviera.

6) Su afán por apoderarse de diversos objetos arqueológicos como la llamada Lanza del Destino, perteneciente a las joyas imperiales de los Habsburgo que se guardaban en el Hofburg de Viena y cuya incautación fue una de las primeras misiones de las SS tras producirse el Anschluss o anexión de Austria.

7) Comentarios constantes haciendo referencia a cuestiones esotéricas.

8) Apoyo a las más extrañas misiones de exploración, incluyendo el envío de tropas de montaña a coronar el monte Elbruz en el Cáucaso o a entablar contacto con las "autoridades espirituales" del Tibet.

9) Extraños compañeros de viaje al final del camino como un grupo de tibetanos vestidos con uniformes de las SS desprovistos de insignias que se suicidaron en el interior del búnker del Reichstag en 1945.-

El Rienzi de Richard Wagner


La obra de Wagner habría sido motivo de deleite por parte de Hitler un verano de 1906 convirtiéndose en el adalid musical del nacionalismo alemán.
La obra s ebasa en la novela homónima del británico George Bulwer Lytton, directamente relacionado con círculos de influencia rosacruciana y autor de una de las mejores novelas jamás publicadas sobre el tema, Zanoni, así como de otro clásico de la literatura ocultista de su época, La Raza que vendrá, en la que aparece una estirpe de hombres subterráneos que disponen de una poderosa energía llamada Vril. Rienzi, el último de los tribunos romanos cuanta la trágica historia de un patriota italiano del siglo XIV que falleción en el Capitolio devorado por las llamas. Su argumento rebosa de luchas por el poder, ambiciones personales, populachos enardecidos y otros sucesos muy de moda en las producciones del momento. De hecho el propio Wagner consiguió la fama con el estreno de Dresden de su versión, que la crítica calificó como de estilo parisino y descendiente directa de las óperas espectáculo de tema histórico. (Pasaje de la obra de Paul H. Koch "Illuminati. Los Secretos de la Secta más temida por la Iglesia católica" página 154).-