miércoles, 16 de marzo de 2011

La Justicia. La Justicia vista como esencia y la Justicia como Norma


Tema relacionado con la Unidad I (Ley, Justicia, Concepto de Derecho)

Para Ulpiano Justicia es “La constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo”. Para Santo Tomás la fórmula es recta si es debidamente entendida. Voluntad perpetua no se refiere a una perpetuidad efectiva o a un acto que dure perpetuamente, tal es sólo la justicia divina, sino se refiere al objeto, porque implica el propósito de obrar justamente siempre y en toda circunstancia. La virtud no se adquiere mientras no se llegue a esta constancia de obrar la justicia.


Para Tomás la justicia es “el hábito virtuoso de la voluntad por el cual somos inclinados con firmeza y constancia a dar a cada uno su derecho”.

Se evita la confusión que “lo suyo” generaba al pensarse que solo se refería a lo material, siendo que “suyo” hace referencia a muchas cosas que atañen al sujeto como pertenencia propia, concluyendo que “lo suyo” es todo lo que puede hacerse coincidente con su derecho, sea corporal o incorporal, aunque no se tenga sobre ello posesión efectiva, basta que sea algo sobre lo cual se tenga alguna exigencia, algún derecho, aunque imperfecto. Lo “suyo” no debe entenderse sólo en el sentido material de las cosas poseídas o referido al simple dominio de propiedad, sino en toda la amplitud en que interpreta Santo Tomás, como equivalente a todo lo ordenado a otro, lo que es debido a otro.

Pero además de la definición del acto general y de las condiciones del objeto, Santo Tomás analiza tres aspectos de la justicia habitual, por la que los hombres son llamados justos:

a) Esta justicia habitual es ante todo, “virtud”. Virtud es la que hace bueno al sujeto y sus actos. La realización del derecho, es no sólo un bien para otro, sino un bien para el propio sujeto. Es además virtud cardinal, se reserva, la materia principal y más difícil en el género de virtudes que rectifican las operaciones exteriores, que han de cumplir los deberes con el prójimo. Como virtud dicta y mueve a obrar lo que es justo, a sentir y desear que se haga justicia, y que se traduce por lo tanto en sentimientos.

b) La justicia reside, como en sujeto propio, en la voluntad. Aristóteles no reconocía expresamente la voluntad en su división de las potencias: racional por esencia y racional por participación. El concepto claro de voluntad, como apetito espiritual comprendido bajo lo racional por esencia, deriva sobre todo de la tradición agustiniana, así como la idea de que ella sea el sujeto inmediato de la justicia. Las operaciones exteriores ordenadas al bien de otros brotan del principio de toda acción, que es el apetito. Este no puede ser sensible, sino el apetito intelectivo, que es la voluntad, porque el bien exterior, que consiste en la proporción y orden de otros, sólo es captado por la razón. El apetito sensible no puede dirigirse a este bonum alterius, que es un bien racional.

c) La Justicia es la más excelente de todas las virtudes. Ya Aristóteles había dicho que “la más preclara de las virtudes, y ni el lucero de la mañana ni la estrella vespertina son tan admirables como ella.


Es común la opinión de que la definición de justicia, dada anteriormente, es esencialmente “norma”en cuanto ordena universalmente la conducta jurídica.

Si tal definición (Dar a cada uno lo suyo) importa una norma, es lógico suponer que tal regla importa un contenido “lo suyo”. Pero lógicamente por “lo suyo” nada puede entenderse si no es en determinación a una determinada apreciación histórica (ataque al Iusnaturalismo); por lo que tal definición quedaría siempre fundada en el dato histórico sobre las distintas concepciones de “lo suyo”.

Tal es el caso de la escuela histórica la cual niega la existencia de una esencia inmutable de la conducta jurídica: toda concepción de justicia se condensa en el derecho que rige la conducta en un momento dado. El derecho, en consecuencia, no es otra cosa que el conjunto de normas que reglan las relaciones humanas conforme a las avaluaciones de la época. No hay, pues, para el historicismo distinción real entre el derecho y la Justicia: todo derecho es justo del mismo modo que lo justo es el derecho, desde que lo recto es la justicia social imperante.

Desde el punto de vista del idealismo crítico de Marburgo se sostiene la equivocidad entre Justicia y derecho por lo que puede existir un derecho constituido objetivamente por las categorías del concepto y, no obstante, ser injusto por su disconformidad con la idea de justicia. Vemos entonces que se da la posibilidad lógica de un derecho injusto. El derecho, por lo tanto, no siempre es lo justo. Por eso la palabra “derecho” es equívoca en esta concepción, ya que puede representar al derecho justo o al derecho injusto.

Para nosotros en cambio la justicia es un nombre análogo (analogía de atribución), ni unívoco ni equívoco, decir ley justa, acto jurídico, sentencia justa, etc. supone la participación de éstos en la justicia de modo idéntico y, a la vez, de modo diverso.

Nosotros sostenemos que es una norma, pero que tiene un sentido y características diferentes al de las otras normas, por lo que la convierte en una regla con contenido inmutable.

Lo justo, lo absolutamente recto, es el fundamento del Derecho. Si existen relaciones humanas, lo recto es el objeto común de tales relaciones, y como lo recto es la acción justa; se sigue que “lo justo” es la esencia y razón de ser de toda conducta jurídica.

Debemos preguntarnos: ¿Cuál es la esencia del derecho? Esta sólo podemos determinarla por el concepto abstraído de la realidad misma de la conducta jurídica. Pero, entonces, ¿El derecho es la ley? La ley es cierta razón, regla y modo de derecho y no el derecho mismo: éste es anterior, trascendente a la Ley, como también a la facultad jurídica o al ánimo del Juez que hace justicia. Mas aún, la Ley, para merecer tal nombre, para ser Derecho, ha de participar de la razón de lo justo (ratio iuris), que el legislador percibe y a la que da un modo existencial mediante su formulación racional e imperativa.