martes, 19 de abril de 2011

La naturaleza moral y la obligatoriedad de la ley humana.


Las leyes humanas, propiamente tales pueden ser justas e injustas.

Las leyes justas obligan siempre en conciencia. Las leyes injustas presentan dos formas distintas, según provenga su injusticia de la oposición al bien humano o al bien divino. En el primer caso, son leyes que no obligan de suyo en conciencia, a no ser para evitar el escándalo o cuando los males que se siguen son superiores al bien que se ha de conseguir; más que leyes son violencias.
Es obligación muy verdadera la de prestar reverencia a la autoridad y obedecer con sumisión las leyes justas, quedando así los ciudadanos libres de las injusticias de los inicuos gracias a la fuerza y vigilancia de la ley. La potestad legítima viene de Dios, y el que resiste a la potestad resiste a la ordenación de Dios; con lo cual queda muy ennoblecida la obediencia, ya que ésta se presta a la más justa y elevada autoridad; pero cuando falta el derecho de mandar o se manda algo contra la razón, contra la ley eterna o los mandamientos divinos, es justo no obedecer a los hombres, se entiende para obedecer a Dios.
En primer lugar, las leyes justas obligan en conciencia, porque se derivan de la ley eterna y de ella reciben una fuerza de obligación que afecta evidentemente a la conciencia.
Por eso, el resistir a la autoridad que dicta la ley humana en aquellas cosas que le pertenecen, es resistir a Dios y hacerse por ello reo en conciencia; en el juicio de la ley humana, cuando es justa, está contenido el juicio de Dios, que es juicio de conciencia.
El hombre es parte de la multitud y se debe a ella, tiene obligación en conciencia de ordenarse al bien común de la sociedad, dirigido por la autoridad a través de leyes justas. En conciencia, el hombre no puede dejar de someterse a las leyes que encarnan y determinan en concreto esa exigencia natural de su ser social, que de otra manera quedaría sin sentido.

Es muy interesante destacar las condiciones que exige Santo Tomás en una ley realmente justa:
a)      Debe ordenarse al bien común social.
b)      No debe exceder los límites de la jurisdicción que compete a la autoridad legislante.
c)      Se debe imponer las cargas a los súbditos según una igualdad proporcional.