sábado, 16 de julio de 2011

Sobre el cuidado de uno mismo. Fragmento del diálogo entre Sócrates y Alcibíades en la obra "ALCIBÍADES, o de la naturaleza del hombre" de Platón

Fragmento del diálogo...

Sócrates (en adelante S): En que consiste el cuidado de símismo, ya que muchas veces lo pasamos por alto aunque creyendo realizarlo, y cuándo lo lleva el hombre a la práctica. ¿Es acaso cuidando sus asuntos cuando se preocupa de sí mismo?

Alcibíades (en adelante A): Eso me parece a mí.

S: Pues, vamos a ver: ¿cuando un hombre cuida de sus pies, cuida acaso también de las cosas que se refieren a sus pies?

A: No comprendo lo que quieres decir.

S: Hablemos de algo referente a la mano: ¿podrías decir que un anillo es propio de otra aprte del cuerpo que no sea el dedo?

A: No, por cierto.

S: ¿Y no es así que el calzado pertenece al pie?

A: Sí.

S: ¿Y, asimismo, los vestidos y cobertores a las otras aprtes de cuerpo?

A: Claro que sí.

S: Así, pues, cuando cuidamos de nuestro calzado, ¿no cuidamos a la vez de nuestros pies?

A: No lo comprendo muy bien, Sócrates.

S: ¡Cómo, Alcibíades!, ¿es que tratar bien una cosa no es cuidarla debidamente?

A: Sin duda alguna.

S: ¿Y quién cuida mejor una cosa sino el que la trata mejor?

A: Cierto.

S: ¿Qué arte, pues, mejora el calzado?

A: El del zapatero.

S: ¿Por tanto, por medio del zapatero cuidamos de nuestro calzado?

A: Sí.

S: ¿Y también de nuestros pies? ¿O acaso por medio del arte que los deja en mejor estado?

A: Por éste último.

S: Y este arte que mejora los pies, ¿no es también el que mejora el resto del cuerpo?

A: Así me lo parece.

S: ¿No es este arte precisamente la gimnasia?

A: Éste, con preferencia.

S: Por medio, pues, de la gimnasia, cuidamos de nuestros pies y por medio del zapatero de las cosas que se refieren a ellos.

A: Indudablemente.

S: Entonces, con un arte cuidamos de un objeto cualquiera y con otro de las cosas que le pertenecen.

...

S: Mas, vamos a ver, ¿cuál es el arte con el que podríamos cuidar de nosotros mismos?

A: No sabría decirlo

S: En algo, sin embargo, estaríamos de acuerdo, a saber: que nos ería por medio del arte que mejorase a nuestras cosas, sino por el que nos hiciese mejores a nosotros mismos.

A: Estás en lo cierto.

S: Pero, ¿es que acaso sabríamos decir qué arte mejora el calzado, desconociendo lo que es el calzado?

A: De todo punto imposible.

S: ¿Ni qué arte perfecciona los anillos si desconocemos lo que es un anillo?

A: No, desde luego.

S: Entonces, ¿podríamos conocer qué arte nos hace mejores, desconociendo en realidad lo que nosotros mismos somos?

A: De ningún modo.

S: ¿Crees acaso que es cosa fácil concoerse a sí mismo y que era un hombre vulgar el que puso esto en el templo de Delfos o, por el contrario, que no está al alcance de cualqueira?

A: A mí me pareció muchas veces, Sócrates, que estaba al alcance de cualqueira, pero otras también me pareció muy difícil.

S: Y bien, Alcibíades, sea fácil o difícil, el hecho con que siempre nos enfrentamos es éste: que conociéndonos a nosotros mismos podremos conocer la manera de cuidarnos mejor, cosa que, en otro caso, desconoceremos radicalmente.